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Un primer balance de las intervenciones en el conflicto 2010 PDF Print E-mail

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Un primer balance de las intervenciones en el conflicto 2010

15 detenidos y aún más causas abiertas, 3 heridos, 3 policías heridos, puerta destrozada, 20 millones para sociales, refacciones en MT, becas de ayuda económica, comedor en consti, y ¿qué saldo organizativo?

En primer lugar es importante aclarar que la posibilidad de discutir este triunfo se da gracias a la intervención colectiva que tuvimos como movimiento estudiantil en lucha. Dejando de lado a la UES y demás agrupaciones adictas al gobierno y/o la gestión, todas contribuyeron, junto con los no agrupados o independientes a poder estar balanceando ahora un triunfo. Sin embargo es importante poder evaluar las debilidades y las fortalezas que tuvo cada tendencia para sacar conclusiones hacia el activismo y las propias organizaciones. Esto no pretende ser un análisis político de cada organización, ni una lectura de las intenciones de cada militante, sino un análisis de cómo se intervino en concreto en el conflicto de sociales: el debate en torno a la estrategia de cada organización, su política “nacional”, o su orientación respecto a diferentes conflictos que se dieron en estos últimos meses excede a estos comentarios.

3 bloques

Desde mi punto de vista en el conflicto de sociales hubo 3 tendencias, o “bloques” principales, con oscilaciones y cambios coyunturales, pero que se orientaron en base a objetivos claros. Para esta división en “bloques” me baso en 2 ejes: en primer lugar en la iniciativa política y la participación en las asambleas clave (continuar o no con la toma, abrir o cerrar aulas, toma ministerio/rectorado, negociación o no con la gestión, qué es lo mínimo aceptable como un triunfo, etc.) y en segundo lugar en la fuerza y movilización puesta en las medidas que se llevaron adelante durante el conflicto (ejemplos de esto serían la cantidad de militantes dispuesta en las comisiones, la toma propiamente dicha, la fuerza en las marchas, la gente dispuesta en los bloqueos, acampes, y toma del ministerio, etc.).

1)     El primer bloque, conformado por El Tren “ampliado” y orientado por la política de la Mella (Mella, El Andamio, La Mala educación, Un Solo Grito, EVT-cauce, Socialismo Libertario; y una intervención oscilante y separada de Prisma e IS que merece una mención aparte. Prisma se presentó como “la pata izquierda del tren”, quedando (casi) siempre por fuera del mismo en las votaciones y las iniciativas políticas, pero nunca rompiendo formalmente. Pudieron verse oscilaciones en torno al debate de abrir-cerrar las aulas, en torno a la necesidad de negociar con la gestión y en darle “condiciones favorables” al suspender la toma por 72 hs. Por otro lado, es difícil entender el motivo que mantiene a PRISMA al interior de El Tren, ya que políticamente interviene separado del mismo y de conjunto con otro arco de fuerzas. Una explicación posible es que no quiere perder el espacio “superestructural” de la presidencia del CECSO; la otra explicación posible es que ve que su mejor marco de alianzas es una serie de agrupaciónes con las que comparten poca línea política pero le permite “sacar a los troskos” del CECSO; la otra posibilidad es que PRISMA rompa con El Tren. IS por su parte, realizó el proceso inverso acercándose al Tren y poniéndose como “pata derecha” de La Comuna, también sin romper.

En cuanto a la iniciativa política y las votaciones, podría decirse que este conjunto de agrupaciones votaron a lo largo del conflicto diversas medidas que iban en el sentido de “flexibilizar” la toma al interior de la facultad y “sacar afuera” el conflicto. Masificar y difundir fue la prioridad desde el primer hasta el último día, incluso a costa de poner en riesgo la continuidad de las medidas, dado que masificar podía implicar bajarse de la toma. Por otro lado, las iniciativas principales y las mayores expectativas se pusieron en torno a negociaciones con la gestión y a reuniones en los ministerios de educación y planificación. La orientación en general fue la de ir a negociaciones con un nivel bajo de presión de parte de los estudiantes, priorizando una salida por la vía institucional.

En cuanto a la fuerza puesta para el sostenimiento de las medidas, hubo una orientación evidente a “poner más gente” en las acciones que impulsaba el propio bloque y sobre todo a impulsar fuerte las acciones que eran afuera de la facultad. En general podría decirse que en la fuerza militante este bloque fue correcta en toda la primera parte del conflicto, aunque disminuyó hacia el final. Luego de varias semanas, como es de esperar por motivos lógicos, comenzaron a “faltar” militantes, tanto del 1er bloque como del 2do, incluso en el mantenimiento de la toma y las actividades básicas.

2)     El segundo bloque podríamos englobarlo en lo que se espera que se conforme como La Comuna, también ampliada, dirigida por la política del PO (PO, PTS, 29 de mayo, mas, IS con la aclaración hecha, EVT-PE)

Este bloque tuvo una orientación política “radicalizada” en cuanto a la postura al interior de la facultad: casi siempre votó en el sentido de mantener firmes las medidas de fuerza. Intervino para “nacionalizar” el conflicto, pero a decir verdad no hubo iniciativas concretas que permitan avanzar hacia eso (más que la interestudiantil, que fue boicoteada por el PO). Esta decisión por mantenerse firme al interior no se conjugó con la necesidad de “sacar el conflicto afuera de la facultad”. Se impulsaron cortes de calle y movilizaciones, pero se rechazaron las propuestas de toma, acampe, escrache, etc. No hubo iniciativas que superen la situación de “estancamiento” que llegó luego de varias semanas de conflicto, más bien se proponía continuar con la medida hasta que Caletti renuncie o haga algo para resolver el conflicto. La orientación política podría resumirse como un alto nivel de presión al interior, pero sin dar una salida (negociada o de acción directa) por fuera de la facultad.

En cuanto a la fuerza puesta a las medidas, habría que trazar diferencias entre las agrupaciones y los momentos: el PO aportó una buena cantidad de militantes durante las primeras semanas, pero hacia el final directamente dejó de participar de la medida. El PTS tuvo una participación muy reducida en todo el conflicto, aunque sí participó en los momentos de decisión o asamblea y en las movilizaciones. La 29 de Mayo, por su parte, fue la agrupación de este bloque que más fuerza le puso, proporcionalmente, a sostener todas las medidas. En líneas generales podría decirse que este bloque aportó poca gente a la toma al interior de la facultad, y aún menos a las acciones que La Mella proponía para “sacar afuera el conflicto”.

3)     El tercer bloque, a mi entender fue principalmente de un sector “radicalizado” de activistas no agrupados e independientes que presionaron constantemente a dejar de lado intentos de cerrar el conflicto por un lado, y de llevarlo a un largo desgaste por el otro. Esta línea también fue expresada por algunas agrupaciones (FER, La Peste, Educación Proletaria, Tendencia Anarquista, Norberto Blanco, CECA, PRISMA con la aclaración pertinente) que a mi entender reúnen condiciones diversas pero favorables para ser aliados de este sector del activismo: -menos “responsabilidad de gobierno” de cara a los espacios de gestión, no tienen nada que perder en cuanto a caja o posiciones superestructurales de poder; algunas son agrupaciones que están surgiendo hace poco y no tienen la capacidad de hegemonizar claramente en una asamblea o medida; no ven en las elecciones, o en consolidarse como dirección del CECSO el objetivo clave de la militancia universitaria; son independientes de la gestión de la facultad y el gobierno nacional; participaron, aunque siendo pocos, muy fuerte de todo el proceso “poniendo gente” en todas las instancias y de manera constante. Todo esto les permitió acercarse más al activismo y poder leer mejor y más correctamente la relación de fuerzas y lo que era necesario hacer en cada momento.

En cuanto a las iniciativas políticas, podría decirse que de este bloque surgieron las iniciativas más claras que impulsaron el conflicto hacia adelante: la toma del estacionamiento, la necesidad de permanecer firme en la toma de la facultad, pero combinando esto con acciones fuertes por afuera, la toma del ministerio de educación. Ni se depositó confianza en las negociaciones con la gestión ni se optó por sacar el conflicto afuera dejando débil el flanco de las sedes. Se intentó superar el desgaste haciendo acciones concretas que puedan destrabar, como los escraches y acampes, la toma del rectorado (que no se ejecutó). En general este bloque intervino sintetizando y superando las contradicciones de los bloques mencionados anteriormente: la línea podría resumirse como negociar con presión en los espacios burocráticos y presionar con acciones concretas en paralelo tanto adentro como afuera de la facultad. Es interesante el caso de la discusión sobre abrir-cerrar aulas, dado que luego de haber hecho una experiencia de una semana, se volvió atrás en la decisión tomada, al considerar que había sido un retroceso. La decisión de no bajar la toma de la facultad a pesar de que Caletti había cerrado toda posibilidad de negociación fue otro ejemplo de lo correcto de esta línea, dejando en evidencia a la Mella votando con la UES el levantamiento de la toma para ir al ministerio de educación. La convicción de que era correcto avanzar en acciones que superen las instancias de negociación burocráticas para presionar directamente sobre las instituciones también fue propia de este bloque.

En cuanto a la fuerza puesta en las medidas, se vio claramente que en las asambleas masivas y en las diferentes instancias de la toma, de las movilizaciones, de las acciones “violentas” realizadas, el activismo no agrupado/independiente fue un sector absolutamente clave y lo que dio sustento a las medidas. Cabe hacer una mención especial a las agrupaciones nombradas antes, ya que tratándose de agrupaciones con una cantidad de militantes reducida aportaron a todos los procesos, en muchos casos más fuerza militante que las grandes agrupaciones que dirigen los centros de estudiantes y la FUBA.

Electoralismo

El problema principal de los bloques 1 (Tren) y 2 (Comuna) fue darse una política para ganar el proceso electoral que viene. Esta política se expresó con matices al interior de cada bloque y diferenciadamente según el bloque del que se trate, en parte porque el “electorado” de cada bloque tiene diferentes características y responde de forma distinta. Podemos caracterizar que La Mella se apoya en un sector “sensible pero pasivo” dentro de los sectores que participan en la política de la facultad, por lo que, como a cualquier fuerza de centroizquierda, los procesos largos de lucha y radicalización lo hacen perder base “por izquierda” y “por derecha”. La Comuna en cambio posee un núcleo más duro de activistas y simpatizantes, que tiende a crecer en los conflictos largos y sobre todo a costa de la “pérdida por izquierda” que tiene El Tren, la polarización de las posiciones que se genera en un conflicto largo favorece a La Comuna respecto de El Tren. Esta caracterización puede fundamentarse viendo que, luego de 2 años de conducción, la presidencia del CECSO seguía sin poder ganar votaciones en asambleas. La participación activa en una situación de normalidad es mayor en el arco político del 2do bloque, aunque en los momentos de movilización el activismo puede actuar con “independencia” de ambas tendencias.

El electoralismo del 1er bloque se expresó, en primer lugar, en la necesidad de encontrar rápidamente un triunfo ante cualquier avance y plantearlo como un logro de la conducción del CECSO: se vio en reiteradas oportunidades cómo cualquier avance parcial era catalogado como “triunfo histórico” y daba pie a no avanzar en las medidas de fuerza. El exponente más claro de esta línea fue el día anterior a la toma del ministerio de educación, cuando La Mella votó con la UES el levantamiento de la toma, antes de haber conseguido nada de lo que luego fue catalogado como triunfo histórico. La radicalización que mostró la Mella “por afuera de la facultad” (ej: votando acampes, marchas, toma del rectorado, etc) refuerza este argumento, porque se condice con la política de cerrar el conflicto rápido adentro y llevarlo a un campo donde no le quite base electoral. El intento constante por “suavizar” o “flexibilizar” las medidas de fuerza al interior de la facultad (ej: votando levantar el fin de semana, aulas abiertas, suspensión de la toma por 72 hs, impulsando dejar funcionando la facultad durante movilizaciones y asambleas) puede entenderse, por un lado como un gesto a la gestión, y por otro lado como un gesto a los sectores menos combativos del activismo que no participaban del proceso. La confianza depositada en resolver el conflicto por vías institucionales fue una traba muy importante para este bloque, desorientó y dispersó las fuerzas del activismo y derivó en una pérdida de tiempo y en un desgaste innecesarios (ej: la negociación con Caletti y la reunión con Fatala). Las negociaciones fueron presentadas como un triunfo en sí mismo y como una posible salida al conflicto, al mismo tiempo que pretendían demostrarle a los simpatizantes del 1er bloque que había “voluntad de diálogo” y no “tomismo”. En resumen, 1er bloque pretendía evitar la confrontación con los sectores más pasivos de la facultad, lo que implica la necesidad de conseguir un triunfo en el corto plazo, sin arriesgarse a una confrontación con los sectores amplios que votan pero no participan de la política estudiantil.

El electoralismo del 2do bloque fue algo más complejo, porque el bloque es menos homogéneo a su interior. El 2do bloque, hegemonizado por la política del PO, apostó a generar un desgaste en la conducción, tal como acusaba la propia conducción, para obligarla a cargar con el peso de una derrota y de un conflicto a largo plazo. Esto se vio en el doble juego realizado, votando siempre continuar con intransigencia en las medidas internas de la facultad, pero aportando poca fuerza militante para garantizar la continuidad de las medidas. Por otro lado, nunca se plantearon iniciativas superadoras a la toma al interior de la facultad, en general el 2do bloque se opuso a las medidas que “sacaban la lucha afuera”, argumentando que era un plan de El Tren para bajar la toma de la facultad (argumento correcto, por cierto). Esto también se vio en la falta de iniciativas que superen la situación de estancamiento y desgaste, que era al mismo tiempo producto de que las mismas fuerzas vaciaran la toma. Desde el 2do bloque se argumentaba que el desgaste no existía, cuando el desgaste era claro para muchos y era necesario buscar una forma de superarlo. En cuanto a las votaciones en las asambleas, hubo en general un acuerdo entre el 3er bloque y el 2do, pero entiendo que las iniciativas que superaron la situación de desgaste y “encierro” en la facultad, siempre vinieron desde el 3ro. Las iniciativas que vinieron del 3er bloque para superar las diferentes situaciones de “traba” o estancamiento en el conflicto fueron desactivadas en un principio y cuando llegaron a tener cierta aceptación, el 2do bloque las votó a favor (aunque no las ejecutara luego). El PTS por su parte, tuvo algunos matices con respecto a la política del PO: esto se vio con la línea impulsada por el PTS de la asamblea interestudiantil, que fue su apuesta fuerte y fue boicoteada por el PO y La Mella. El intento de coordinar con otros sectores fue real y la interestudiantil como herramienta tenía un potencial muy grande, pero las propias contradicciones entre las organizaciones terminaron degradando el espacio rápidamente, ya que no sirvió para coordinar ninguna acción concreta que supere lo que se venía haciendo “por separado” entre los sectores participantes. El mas actuó de manera análoga pero con menores consecuencias al impulsar el encuentro nacional de estudiantes, que terminó por no hacerse debido a todo lo que demoró su concretización.

En resumen, diría que las acusaciones cruzadas de ambos bloques (1 y 2), de querer “cerrar el conflicto” por un lado y de querer “desgastar a la conducción” por el otro, son ambas correctas y ambas producto de las necesidades políticas de las organizaciones que componen los bloques. Las dos orientaciones contrapuestas, enfocadas en un triunfo electoral, resultaron contraproducentes para la organización, para la movilización y para lograr los objetivos planteados en las asambleas.

Ahora bien, retomando el rol del activismo y de las agrupaciones que mejor se alinearon con él, se ve claramente que ninguno de los dos bloques mencionados logró “conducir” el conflicto. Lo característico de este proceso fue que tanto el bloque de El Tren como el de La Comuna fueron sobrepasados por el activismo constantemente. Lo especial no es la cantidad de activistas, (podríamos hablar de una asamblea promedio de 1000 personas y una cantidad de agrupados militantes no superior a 350, aunque hay que tener en cuenta el recambio mayor que hay entre el activismo que entre los militantes) sino la línea política que se dio el activismo, dejando de lado tanto la trampa de la salida rápida por vías institucionales como la trampa de la necesidad de “continuar tal como estamos”. En base a las asambleas masivas y la participación atenta se llegó a un nivel muy alto de conciencia respecto a lo que pasaba, respecto a qué se estaba negociando y qué se podía conseguir. Los activistas pudimos detectar las orientaciones contrapuestas que mencionaba antes y cómo podían perjudicar el curso de acción necesario para conducirnos a un triunfo en el conflicto. Por una cuestión numérica simplemente, se puede decir sin mucho temor a equivocarse que la línea que “ganó” el conflicto, la línea que se votó en las asambleas masivas, fue la línea del activismo y no la línea de uno u otro bloque. Es cierto, por supuesto, que no se dividieron todas las asambleas entre tres mociones, una por bloque, sino que en diferentes momentos los bloques 1 y 2 adoptaron posturas favorables y desfavorables para ganar, que fueron leídas correctamente por el activismo, que no se ató a ninguno de ellos sino que votó lo más conveniente y sacó conclusiones. Es también importante marcar cómo al no tener las contradicciones “electorales” planteadas para los bloques 1 y 2, no hubo inconvenientes para el 3er bloque en intervenir en concreto, poniendo el cuerpo a las cosas decididas: la participación de no agrupados y de las agrupaciones antes mencionadas fue constante y “masiva”, en todas las medidas votadas y decididas en asamblea. 

¿Cómo seguir?

Estamos a poco tiempo de terminar el año en sociales y varios vemos que puede perderse una oportunidad importantísima para acumular un saldo de organización concreto a partir del pasado proceso de lucha. Nos movilizamos de a miles para dar una pelea por la educación pública, para poner la educación al servicio de la clase trabajadora y el pueblo pobre, con una clara conciencia de quiénes son nuestros enemigos y qué formas de organización y métodos de lucha nos permitieron avanzar en concreto: ¿cómo hacemos para que estos avances no se dispersen?.

En sociales empiezan las disputas electorales en este mismo momento, por un lado los diferentes bloques electorales se van a autoproclamar los “representantes” de la voluntad del activismo y de la línea que condujo el conflicto a un triunfo y por otro lado van a tensionar a todo el activismo a que se posicione por uno u otro bando, para entrar en la lógica, con suerte, de “el mal menor”. Es importante que los activistas que estuvimos participando de este proceso y que vemos necesario continuar con las formas de organización y los métodos de lucha que nos permitieron avanzar podamos posicionarnos, tomar una decisión respecto a qué hacer de cara al proceso electoral, que habitualmente disgrega las fuerzas militantes en una disputa inútil. Tenemos la posibilidad de imponer una discusión que supere las mezquindades del proceso electoral para pasar a discutir cómo debemos organizarnos: venimos de una experiencia de democracia directa y acción directa, de darnos métodos de lucha, históricos para los trabajadores y los estudiantes, pero nuevos para nuestra facultad, y de un triunfo que puede ser la base para dar un salto organizativo importante. Durante todo el conflicto, además de que la “conducción” del CECSO no pudo conducir, la Comisión Directiva no pudo sesionar, dado que era una traba para el proceso de movilización. No hubo necesidad de presidencia, todos los representantes para las instancias de negociación los elegimos en asambleas de base, pudimos mandatar a todos nuestros representantes y ejecutar, ponerle el cuerpo, a todo lo que votamos en las asambleas. Las políticas hacia las elecciones que tuvieron los bloques que quieren ser “conducción” solo fueron trabas para el movimiento estudiantil.

Tenemos que discutir entre los activistas y las agrupaciones la necesidad de conformar un frente clasista de lucha, basado en la democracia directa; la acción directa; que sea de lucha y no de gestión de espacios; que sea independiente del gobierno y la gestión de la facultad; y que haga avances concretos para coordinar con los demás sectores que luchan. Este frente debe tener como objetivo principal la reorganización de nuestra herramienta de lucha, el CECSO. En el conflicto pasado se vio que la forma actual de organización es más un impedimento que un catalizador para dar las peleas que tenemos que dar. Tenemos que coordinar entre los que no vemos como el objetivo principal tener un espacio de gestión, o una tribuna desde donde hablarle a los medios, sino que vemos la necesidad de crear la mejor herramienta posible para salir a luchar junto a la clase trabajadora y el pueblo pobre. Está presente la necesidad de pensar un estatuto para el centro de estudiantes, donde podamos estructurar, luego de dar la necesaria discusión, cómo podemos concentrar la fuerza de organización que vinimos demostrando en asambleas y comisiones. En este sentido es una discusión necesaria si intervenir -o no- en el proceso electoral y cómo hacerlo.